Denisse Vega Farfán

 

Perú, 1986. Nació en Trujillo. Es autora de los poemarios Euritmia (2005) y Una morada tras los reinos (CCE/Lustraeditores), con el que obtuvo el premio Poesía Joven del Perú 2008. Asimismo obtuvo el premio Pluma Vallejiana (2006) otorgado por la Universidad César Vallejo y una Mención Honrosa en la XIII Bienal de Poesía del Premio Copé Internacional (2007). Poemas suyos aparecen en revistas especializadas como Hueso Húmero, Fórnix, Casa de citas y Un vicio absurdo. Recurrente de los mares y Pink Floyd. Blog

 
 
 
   
 
   

 

Tú querías un templo

 

ignoro lo que pende en mí

si un rayo un búfalo muerto

o un jardín de estacas

a punto de clavarse

 

le huyo a la noche

al sol de los paganos

me alimento con el pan que nadie quiere

me embriago con el silencio que el hombre ignora

 

duermo sobre el ombligo de una acémila muerta

que es mi nombre

escarbo su pelambre aromada por desollados frutos

de pureza

 

no poseo un rostro definido

mi piel está hecha del cuero de muchos animales

mis órganos son los frutos

de alguna mandrágora venenosa

mi historia es el tartamudeo

de cada dios inexistente

mis ojos son humo

y humo azul mi lengua

 

todo canto que llega a mis oídos

se convierte en plaga

no conozco padres

soy la consecuencia de varios apareamientos

probablemente la marea que sube y baja en mi cabeza

es producto de aquél entre un salmón y una loba

 

no sé dónde permanecer

si en la tierra en el agua

o en la atmósfera que tiene la expresión

de un enorme ahogado

que licua el universo

 

mi nombre está detrás de todos los nombres

pergeñando sus vestidos

tratando de descifrar cómo dignamente deben morir

las especies como yo

 

no sé si por mi rostro corre azufre

o las resonantes palabras de los muertos

 

por tantos siglos antes de los siglos

algo parecido a la sed y la ondulación de la abeja

me ha desgarrado la nuca

 

animal de ceniza

esteparia sangre

coágulos de cieno mal zurcido

 

mi sombra ha abandonado los espejos

y desaforada ríe

en el dintel de las cosas

 

el sol de aluminio ha caído

anidándose en mis vísceras

la eternidad y sus hierros

se han desplomado sobre mis hombros

el hombre de lata golpea y golpea

su ciego tambor bacante

busca entre sus despojos un charco limpio

para alzar un torrente

de fuegos de sílfides de escamas

intenta anudar las corrientes en un solo verbo

con manos impropias

hasta para amar a las piedras

no ha de herirme

no ha de verme

aunque lo embista con una antorcha viva en sus ojos

 

pero sus hilos como máquinas

jadeos de un ángel desvanecido

al ras de mis talones

el reptil que adivina el paisaje

y delinea la frontera

las escalas

los descensos

el cebo atorado en la garganta

la soledad desde la primera culpa

el obituario

 

he de retirarme de aquí como un ciego

que arroja el bastón

he de cubrir con cal mis señales

saltar sobre esas cabezas soleadas

que no voltean la noche

ese amor de caucho

removiendo la polvareda

 

 

acaso el Rey es este con el que convivo

comparto la piel

y una guarnición de indeseables retratos?

 

agita en mí un cencerro

llagado de mendicantes voces

una carcajada que me hace bailar sobre ellas

sobornar una llameante identidad

de gladiadores que engullen a sus enemigos

en una burda ceremonia de sílice

al final de la batalla

 

acaso es este ombligo el que me une

al mazo del primer Rey?

a sus innobles conjuros

a la forma de enviar a la mazmorra a sus hermanos?

 

y esta ciudad el reino

poblado de reyes que compran almas

cabalgan sobre sus ciervos

rancios arlequines

estériles gnomos que discursan

acerca del pecado

con una navaja ceñida a la yugular?

 

 

tú querías un templo

en el que tranquilamente harías el amor con tu sombra

hasta nacer tramado con otras redes

entonces oirías las señales de tu corazón en cada piedra

en cada raíz que arranca la corriente del río

un templo como una palabra que nadie recuerda

y se la llevan los matorrales a dormir

en la garganta de los sapos

 

es una semejanza a la verdadera oscuridad

rodeada de pálpitos y líquidos

que te avisan que ahí no se es invidente

sino que el nombre pesa más

hasta tenerlo como una tumoración en el estómago

 

tú querías una madre

para preguntarle lo que eres

y amaneciste con la cabeza en un nido de hormigas

con tu boca agachada en el lavabo

 

tú querías un silencio como las aletas

de un pez en gestación

y despertaste con el gemido de las mulas

siendo azotadas

con el parto prematuro de tu hija

-------y ese niño ha de ser otro jumento

que te despertará cuando pase siendo azotado

por tu casa

 

un día él

-------prófugo del garrote te dirá

“padre: ahora sé a dónde van todas las cosas

el templo se eleva detrás de mi corazón”

pero tú ya habrás muerto

ambos ojos dando vueltas como balas

que olvidaron las instrucciones del verdugo

 

 

Inédito y del poemario Una morada tras los reinos [CCE/Lustraeditores, 2008] © Denisse Vega Farfán