Diego Otero

 

Perú, 1973. Ha publicado los poemarios Cinema Fulgor (Colmillo blanco, 1998), Temporal (Solar, 2005) y Nocturama (Álbum del Universo Bakterial, 2009). En 2006, en colaboración con el artista gráfico José Antonio Mesones y el músico Santiago Pillado-Matheu, publicó La Grabadora (The Sound of Periferia), un proyecto artístico en formato de libro multimedia, en el que se entrelazaban tres registros: textos de ficción, música y gráfica. Se dedica al periodismo cultural y la docencia universitaria.

 
 
 
   
 
   

 

El despegue y otros poemas

 

El despegue

 

Si no fuera porque somos nosotros los que estamos adentro,

dijo el Capitán,

se podría pensar que todo esto es, bueno, un poco

ridículo.

 

Aunque la palabra clave es desafío: la palabra

que nunca oiremos pronunciar en

la cabina–

--------------La tripulación

suele estar más interesada en otras, como por ejemplo inspiración

o fe.

----------------------Lo importante –así

de arbitraria es la poesía– es que este

es el avión más grande concebido por

la mente humana. No tiene

asientos, ni cinturones de seguridad,

ni nada de eso. Es como un gran salón vacío

 

y está aquí: en Lima,

en esta parte más bien picante de

Sudamérica.

-------------¿Que por qué está aquí?,

en verdad

no tengo idea. Supongo que desaparecer

es una forma de turismo

peculiar–

 

y las preguntas difíciles son servidas

siempre

luego del postre.

 

Los gigantes remaches de acero sobre la redondez

un poco exagerada

de las alas,

las turbinas,

el fuselaje.

 

Cualquiera diría que el hecho de que las ruedas giren

y aún no despeguemos

no tiene en realidad la menor importancia.

 

-------------(También podríamos preguntarnos

qué puede ser equivalente a pellizcarse un brazo

cuando estamos encerrados en una pesadilla

en la que no hay tacto).

El Capitán suda, respira con fuerza,

se frota las manos

como una mosca

mientras contempla la peligrosa belleza

del tablero de mando.

 

-------------El Capitán

sabe, desde luego, que podría quedarse sin trabajo

si los pasajeros se pusieran repentinamente sentimentales

y empezaran a notar

cómo de pronto les brotan unas horribles plumas

de la cara y

de las manos

-------------o cómo el cuerpo

se les encorva en un breve

temblor

y define su postura de ave rapaz

o de carroña–

 

-------------y no estamos hablando de moral

sino de apetito.

-------------Pero ninguna de esas cosas sucede,

desde luego.

 

Allá están todos. El gordo Alfonso con sus gruesos anteojos

de carey

y su camisa celeste,

y esa casaca demasiado delgada

para la estación.

 

O el vecino de la casa amarilla

que parecía existir solo para regar su metro y medio de jardín.

--------(Ahora camina unos pasos con las manos atrás,

y puedo ver su pelo canoso, desordenado, y sus ojos

-------------fríos pero turbios

como una pecera de peces muertos).

 

O papá levantando la mano y protegiéndose del sol.

 

(Alcanzo a escuchar

que le dice algo a mi hermano acerca del volumen del aparato,

acerca del amplio recorrido

antes del despegue. O eso

me parece).

 

---------¿Y yo?, yo quiero hacerme el duro,

pero a mí también me hiere la luz. Y me hace sentir un poco avergonzado.

Y cuando pienso que el movimiento debe ser

por fin hacia arriba

 

---------------la gravedad

se apodera de todo

y la inmensa masa metálica vira pesadamente

hacia la izquierda–

 

se abren solas unas puertas

que jamás había visto

 

y estamos

en la calle.

---------------Desde los autos

y las veredas

surgen ojos que observan la escena como si observaran una hoja caída

volviendo ingenuamente

a la rama desnuda–

 

las alas parecen rozar

los letreros y los postes de luz.

---------Entonces pienso que debería escribir algo

---------sobre la pequeña voluntad

y el gran deseo–

 

--------------pero no lo hago.

 

Le miro las piernas a una aeromoza y ella sonríe,

y en un susurro impostado

me dice:

 

Al final de la pista no hay literatura.

 

 

Oración de bar

 

Eso es. Quieres hacer una canción que sea escudo

y a la vez amuleto.

 

Porque anoche hacía demasiado calor

y algo brillaba intensamente

y desaparecía

tras nuestra usual neblina. Y yo,

----------------necio,

abrí la puerta de un bar imaginando que encontraría unos labios capaces de decirme

hola, yo

voy a cerrar el abismo

para que tú

no caigas–

 

--------o quizá lo abra, solo un poco,

para que te deslices

sin hacerte daño.

 

Pero adentro todos estaban vestidos de esquimales

y miraban hacia la puerta

como si miraran la escena de un crimen

en otro planeta:

unos sauces enormes, un viento

desordenado,

una piscina vacía.

 

--------------Una vez escuché la siguiente confesión

----------------------callejera:

prefiero recibir un puñete o un botellazo a regresar a casa

sin haber experimentado aunque sea una mínima

transformación.

 

---------------Desde entonces,

cada vez que salgo empuño un paraguas en

la ciudad sin lluvia,

digamos,

y espero que ese mismo viento desordenado

se vuelva extrañamente

poderoso y

me lleve consigo

----------------------y me aleje a través de la neblina.

 

Lejos de los bares,

 

por favor–

 

---------lejos de los labios y del ansia.

 

 

El campeón de tiro (Poema para Edwin Vásquez)

 

Amamos los poemas con balaceras

pero odiamos las balaceras,

dijo el tipo que fumaba cigarros con pitillo en la aparente calma

----------------------------de una terraza soleada.

 

Ahora es de noche, sin embargo,

y la neblina desfigura el paisaje de edificios

y estira las luces de la larga línea

-------------------de postes.

 

La escena del crimen luce tan desoladora

que no hay asesino ni víctima ni móvil–

 

------------------------Pero si miras bien,

me vas a ver parado justo en el centro de esa intersección,

----------------------------------------con los ojos abiertos...

 

--------------–La puta madre:

------------------------------esto no es en modo alguno

lo que quería decir.

 

-------Alguien sabe, pregunto,

por qué se nos han hecho imprescindibles

esos trucos de respiración y de postura

para siquiera soñar con pegarle al plato que atraviesa la oscuridad de nuestra habitación

y silba

-------y nos despierta de golpe.

 

El campeón de tiro, en todo caso, sueña que flota sobre el barrio

-------a media altura,

y reconoce con alivio que ese cuerpo marcado en tiza sobre

-------------------------------------------------------la pista

no es el suyo.

---------------Pero no solo eso.

Reconoce tus ojos. (Sí, tus ojos).

Y sabe que si miras hacia arriba

por un instante

vas a ver las luces rojas y azules de los patrulleros

reflejándose en su piel.

 

----------------------Y sabe que te parecerá una imagen gratuita

-----------------------------y bella.

----------------------O monstruosa.

 

 

Del poemario Nocturama [Álbum del Universo Bakterial, 2009] © Diego Otero