Alessandra Tenorio

 

Perú, 1982. Estudió literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal y una Maestría en Escritura Creativa con mención en Poesía en la Universidad Mayor de San Marcos. Poemas suyos aparecen en la antología Poesía viva del Perú (Universidad de Guadalajara, México, 2005) y también han sido traducidos al catalán para la antología poética Panamericana. Es autora de los poemarios Porta/Retrato (Campo de gules, 2005) y Casa de zurdos (Lustra Editores/CCE, 2008). Actualmente trabaja en el Centro Cultural de San Marcos (La Casona) y es redactora de Cultura en un diario local.

 
 
 
   
 
   

 

Fiesta infantil y otros poemas

 

Fiesta infantil

 

Para Serci

 

 

Aquella noche, Lanusse,

la historia había cambiado para siempre.

Nadie custodiaba la puerta de las fábulas.

Y tú, pequeña, como un sol de juguete,

quisiste ser su redentora.

Qué era entonces la moral

sino dos o tres dibujos

a carboncillo negro.

Qué era entonces el amor

sino las dos cerezas de la torta.

Qué era entonces, Lanusse

ver la humanidad representada

en muñequitos de plástico.

Qué era la vida, entonces,

cuando los hombres eran azules y bellos

y las manzanas rebosaban en algún árbol cercano.

Qué era para ti, Lanusse,

abrir esa puerta infinita y

encontrar mil preguntas.

Mientras las fábulas chillonas

nos envolvían gritando:

“todos somos niños

hasta que se pruebe

lo contrario.”

 

 

 

OCURRE QUE tal vez el amor sea una elección diaria

meteorológica

calendarística

o estúpida

 

Ocurre que tal vez la palabra tenga algún valor

y no se pueda decir siempre con igual desparpajo

como quien dice: hola

-----------------adiós

-----------------pan

-----------------o agua

 

Ocurre que hoy, precisamente hoy, al levantarme

decido que seas tú

quien me tienda la cama

me prepare el café

me conciba un hijo

 

...y mañana

mañana tal vez sólo desee

que seas mi amigo, mi hermano o mi padre

el que me enseñe a cruzar pistas

el que me obligue a comer cebollas

 

Y quién sabe

tal vez algún verano

abriré la puerta

para que envejezcamos juntos

 

Y seré para ti

lo que un día de calor

un año bisiesto

o un reloj atrasado

nos dicte al oído

 

 

 

ME HAN CONTADO que en francés

el miedo es verde

y los hombres son fuertes

como turcos

y aquí, en mi español

que desliza desgastando

las palabras,

el miedo es reflejo entre cristales

los hombres no saben nada de Turquía

(¿de qué color serán

los suspiros de los turcos

en la noche?)

aquí en Lima

el miedo nada tiene que ver

con los colores

pero todo es visible

Lima es un terreno de posibilidades

 

 

 

EL AMOR es llenar un balde repleto de huecos, me dijo alguien alguna vez. Yo no sé. Pensar que es eso sería decir que el amor es una tarea absurda.

Una vez quise darle a alguien mis ojos -simbólicamente- él me recordó un cuento de Clemente Palma y me dijo que era horrible –“ese es el cuento que más detesto”, fue lo que dijo-, no aceptaría mis ojos jamás, como tampoco aceptó mi corazón.

Si el amor es llenar un balde repleto de huecos entonces todos somos absurdos.

Yo hubiera aceptado los ojos de cualquiera, de hecho hubiera aceptado una uña, un dedo meñique, lo que quisieran regalarme. Una vez le regalé a alguien un lunar. Me lo habían sacado del cuello, era pequeño y fuera de mi cuello parecía un moco. Lo guardé en un envoltorio de aguja de jeringa y cuando él llegó a buscarme al día siguiente se lo di. Puso cara de asombro, nunca nadie le había regalado una parte de su cuerpo. El lunar murió, no sé cómo explicarlo de otro modo, pero fue secándose; supongo que el amor sí es llenar un balde repleto de huecos. Una vez también le regalé mi corazón a alguien o lo más cercano que tuve y le escribí un poema detrás de las líneas confusas de mi electrocardiograma, creo que se enamoró un poco más de mí cuando lo hice; fue bonito, tonto y original, pero no duró demasiado, todo el amor se filtraba por los huecos del balde.

 

 

 

Para Fernando

 

IMAGÍNATE que soy una vendedora de velas. Tengo la tentación de decir simple. Pero pensándolo mejor una vendedora de velas no es necesariamente una persona simple.

Imagínate que solo sé de velas: grandes, pequeñas, misioneras; rojas para el amor; azules para la paz; amarillas para los negocios… Eso es lo único que sé.

Recuérdalo: solo soy una vendedora de velas. Tienes que explicarme todo. No sé cómo funciona el mundo más allá de la cera.

 

Poemas de Porta/Retrato [2005] y Casa de zurdos [2008] © Alessandra Tenorio