
Fiesta infantil y otros poemas
Fiesta infantil
Para Serci
Aquella noche, Lanusse,
la historia había cambiado para siempre.
Nadie custodiaba la puerta de las fábulas.
Y tú, pequeña, como un sol de juguete,
quisiste ser su redentora.
Qué era entonces la moral
sino dos o tres dibujos
a carboncillo negro.
Qué era entonces el amor
sino las dos cerezas de la torta.
Qué era entonces, Lanusse
ver la humanidad representada
en muñequitos de plástico.
Qué era la vida, entonces,
cuando los hombres eran azules y bellos
y las manzanas rebosaban en algún árbol cercano.
Qué era para ti, Lanusse,
abrir esa puerta infinita y
encontrar mil preguntas.
Mientras las fábulas chillonas
nos envolvían gritando:
“todos somos niños
hasta que se pruebe
lo contrario.”
OCURRE QUE tal vez el amor sea una elección diaria
meteorológica
calendarística
o estúpida
Ocurre que tal vez la palabra tenga algún valor
y no se pueda decir siempre con igual desparpajo
como quien dice: hola
-----------------adiós
-----------------pan
-----------------o agua
Ocurre que hoy, precisamente hoy, al levantarme
decido que seas tú
quien me tienda la cama
me prepare el café
me conciba un hijo
...y mañana
mañana tal vez sólo desee
que seas mi amigo, mi hermano o mi padre
el que me enseñe a cruzar pistas
el que me obligue a comer cebollas
Y quién sabe
tal vez algún verano
abriré la puerta
para que envejezcamos juntos
Y seré para ti
lo que un día de calor
un año bisiesto
o un reloj atrasado
nos dicte al oído
ME HAN CONTADO que en francés
el miedo es verde
y los hombres son fuertes
como turcos
y aquí, en mi español
que desliza desgastando
las palabras,
el miedo es reflejo entre cristales
los hombres no saben nada de Turquía
(¿de qué color serán
los suspiros de los turcos
en la noche?)
aquí en Lima
el miedo nada tiene que ver
con los colores
pero todo es visible
Lima es un terreno de posibilidades
EL AMOR es llenar un balde repleto de huecos, me dijo alguien alguna vez. Yo no sé. Pensar que es eso sería decir que el amor es una tarea absurda.
Una vez quise darle a alguien mis ojos -simbólicamente- él me recordó un cuento de Clemente Palma y me dijo que era horrible –“ese es el cuento que más detesto”, fue lo que dijo-, no aceptaría mis ojos jamás, como tampoco aceptó mi corazón.
Si el amor es llenar un balde repleto de huecos entonces todos somos absurdos.
Yo hubiera aceptado los ojos de cualquiera, de hecho hubiera aceptado una uña, un dedo meñique, lo que quisieran regalarme. Una vez le regalé a alguien un lunar. Me lo habían sacado del cuello, era pequeño y fuera de mi cuello parecía un moco. Lo guardé en un envoltorio de aguja de jeringa y cuando él llegó a buscarme al día siguiente se lo di. Puso cara de asombro, nunca nadie le había regalado una parte de su cuerpo. El lunar murió, no sé cómo explicarlo de otro modo, pero fue secándose; supongo que el amor sí es llenar un balde repleto de huecos. Una vez también le regalé mi corazón a alguien o lo más cercano que tuve y le escribí un poema detrás de las líneas confusas de mi electrocardiograma, creo que se enamoró un poco más de mí cuando lo hice; fue bonito, tonto y original, pero no duró demasiado, todo el amor se filtraba por los huecos del balde.
Para Fernando
IMAGÍNATE que soy una vendedora de velas. Tengo la tentación de decir simple. Pero pensándolo mejor una vendedora de velas no es necesariamente una persona simple.
Imagínate que solo sé de velas: grandes, pequeñas, misioneras; rojas para el amor; azules para la paz; amarillas para los negocios… Eso es lo único que sé.
Recuérdalo: solo soy una vendedora de velas. Tienes que explicarme todo. No sé cómo funciona el mundo más allá de la cera.
Poemas de Porta/Retrato [2005] y Casa de zurdos [2008] © Alessandra Tenorio
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